viernes, 29 de agosto de 2008

Poema



ERA UNA ROSA BLANCA


Hace trescientos años que el jardín florecía

¡y lleno de perfumes florece todavía!

Hace trescientos años, al caer de la noche,

cuando claros luceros desataban el broche

y a probar su fortuna descendía el Ensueño con traje de luna,

adormido en un vuelo de blancas mariposas el jardín daba rosas,

y así leves sus galas, bajo la suave lumbre y al batir de las alas,

humilde entre los muros, perfumado y tranquilo,

el jardín era asilo de un rumor de sandalias en piadoso desvelo

y de tenues suspiros y de voces del Cielo.


Hace trescientos años que el jardín florecía

y lleno de perfumes florece todavía.

Era un jardín cerrado al dolor del pecado,

oculto a la inclemencia del mundanal ruido y abierto a la inocencia;

era cual una lira que, vibrando en secreto

como alma que suspira de ansiedad y ternura,

llevaba sus acordes a la celeste altura

por un blanco camino que temblaba en la noche como un hilo divino.

era un jardín de rosas, cerrado y prisionero...

y era una sombra blanca que erraba en su sendero.

Era un jardín de rosas, todo él enamorado de la mano de lirio

que le daba cuidado; un jardín que en el claro de luna parecía que,

orgulloso, sabía cómo se retrataba sobre el éter inmenso revestido de incienso;

dulce refugio lírico, por su mística clama hecho para reposo perfumado de un alma;

jaula, tejida en flores de matiz marfileño, hecha para las alas flotantes del Ensueño;

jardín en cuya arena, con trémula congoja, se arrastraba una hoja ambulante y vencida

murmurando en voz baja cómo se va la vida.

Era un jardín de rosas, cerrado y prisionero...

Y era una sombra blanca que erraba en su sendero.

-¿Qué quieres, blanca sombra que vagas lentamente como alma penitente?

La sombra solitaria, responde en un ansioso murmullo de plegaria

que con suaves deliquios acompasa las rosas y en un trémulo enjambre de blancas mariposas.

¿qué quieres, blanca sombra, errante en tu retiro?

La sombra, estremecida, responde en un suspiro.

-¿A quién, consagras la luz que arde en el vaso?

¿Dónde vas paso a paso mirando las estrellas como si les pidieras ir a morir en ellas?

¿Es, acaso, que esperas a tu amado que no viene?

La sombra se detiene cual si quedara presa en el haz de la luna

que la envuelve y la besa, y su voz en suspiro temblorosa musita:

-Aquí espero una cita

-Pero Amor, blanca sombra, es placer y es aliento...

-Mi Amado es mi tormento. -¿Y su amor e curarte de torturas no alcanza?

-Mi Amado es mi esperanza

-¿Sueñas amor profundo?

-Mi Amado no es del mundo.

- ¡Entonces, blanca sombra, no viene tu trovero!

- Vendrá por que lo espero

-¿Y por amado ausente pasión tan sobrehumana?

- ¡Vendrá, vendrá mañana!

- ¡No viene, blanca sombra!

-¡Vendrá, no desconfió, y dándole la vida la muerte lo hará mío!........

Y al eco de estas bellas palabras amorosas en el jardín lunado palpitaban las rosas.

¡Hace trescientos años que el jardín florecía y lleno de perfumes florece todavía!

Fue una blanca noche...

Era, en dulce reposo, el jardín silencioso.

Mudo estaba el jilguero, en quietud el sendero,

y la noche sumisa, y callada la brisa, y callado el ramaje, y dormido,

entre tules de ilusión, el paisaje.

Bajo la noche clara, Era un jardín de rosas tan blanco como una ara.

Y era una blanca ermita que esperaba el milagro de una dulce visita.

Y era sobre la alfombra de las hojas caídas, aquella blanca sombra.

De pronto, desde el cielo, estremecido el velo que sujeta en el éter el haz de las estrellas,

cae un fragante lirio de plateadas huellas

como abriendo el camino al fulgor entre las nubes de un cortejo divino.

Y hay rumor de alas en las empíreas salas,

y e jardín va tomando del cielo sus colores y el cielo se colorea de color de las flores.

Y aquella sombra blanca, palpitante y ansiosa,

se entreabre lentamente como una blanca rosa...

Blanca tiembla la noche, como la veste alada de tierna desposada,

y surgidas de pronto de sus leves capuces vuelan mariposas consternadas de luces,

y en el jardín, atónito, asoma y se despliega caudalosa aureola de un esplendor que llega.

Y hay, al pie de la ermita, Un alma que palpita.

Y unos brazos abiertos de frente a infinito.

Y un ímpetu anhelante. Y un sollozo. Y un grito:

-¡Aquí, estás, vidas mía!-

¡ Y se mecen las rosas en un son de alegría,

y despierta el jilguero, y refulge el sendero,

y es música el ramaje y es música, entre tules de ilusión, el paisaje!

Y una voz dice:

-Toma, toma rosas mi vida, que te brinda aroma....

Y otra voz, en suspiro, que se agranda en la humilde soledad del retiro,

le responde amorosa:

-¡Tú sola eres mi Rosa!

Hace trescientos anos que el jardín florecía y lleno de perfumes florece todavía!

¡Santa Rosa de Lima!

¡Santa Rosa, te invoco a través de la noche de los siglos,

y evoco tu figura virgen delante de la ermita por tus rezos bendita,

con tu túnica blanca y tu fúnebre toca,

balbuciente la boca, entornados los ojos y cruzada las manos en éxtasis cristiano,

esbelta y temblorosa, el llanto en la pupila

–rocío de las rosas-

besando, una por una, las cruces del rosario

en mitad del sendero del jardín solitario!

Santa Rosa de Lima, deja que el verso gima al evocar,

perplejo del duro sacrificio,

las cuerdas del cilicio con que, pétalo a pétalo,

deshojaba tus galas para hacer de tu vida sólo un amor con alas;

deja que cante el verso como fuiste ofrendándote al Dios del Universo,

esperanza y regalo para el bueno y el malo;

permite que la rima, Santa Rosa de Lima

-virgen que en tu retiro pródigo de perfumes, y suspiro a suspiro,

regalabas al Cielo las rosas peregrinas puras,

porque guardabas para ti las espinas-

cante tu franciscano amor por el hermano traducido

en la copia de penas que curaste para gozar la propia.

Y allá, desde tu cima, Santa Rosa de Lima,

desde el jardín cruzado de estrellas temblorosas como el tuyo de rosas,

Rosa blanca y sedeña Suave Virgen limeña,

ve a tu Lima en la nube del incienso que sube,

ve en sus calles las vastas muchedumbres,

ufanas en medio del alborozo de todas las campanas,

cantar tu imagen, rezar ante tu osario y llamar a las puertas del humilde santuario

para evocar la escena de la divina cita

y poner blancas rosas a los pies de tu ermita.

¡Oye la voz que implora que tú, blanca Señora,

ruegues a Dios con fuego de pasión y con ruego

que los cielos encienda y a tu patria defienda

y a tu Lima redima, ingenua y blanca Rosa, Rosa Santa de Lima!

Que yo, pobre poeta que el amor y el orgullo de la patria interpreta,

busca ahora en mi lira la voz más candorosa para decirte:

¡Creo, creo en ti, Santa Rosa!

Y pues creo, y pues sufro,

y pues voy por la vida con el viaje doliente de la hoja caída,

arrastrando en lo hondo,

ya herido de impotencia, mi amor por la justicia,

que fue mi única herencia,

y pues ando, ando,

ando padeciendo callado y me duelo

y me hastío del gotear de la arena de mi reloj sombrío, yo,

pecador cristiano, con la vida cansada, bien merezco,

Señora, la luz de tu mirada.

Mírame, Rosa, mira como,

en un confidente diapasón de mi lira,

mientras en tu ventana de la celeste altura eres inmensa rosa de límpida blancura,

en ti los ojos fijos, yo te pido ventura sólo para mis hijos.

Si hace trescientos años el jardín florecía Pródigo de perfumes, florece todavía....


POR LUIS FERNAN CISNEROS

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Dios! Hace 46 años buscaba este poema del que solo conocía las 2 primeras estrofas que le escuchaba a mi madre cuando yo era chica.

Unknown dijo...

Un fragmento importante estaba en el libro de lectura de 4to. de primaria el año 1944, tenía 9 años, lo memoricé y durante 4 años lo decía con frecuencia en reuniones de mis padres o en actividades escolares.

Unknown dijo...

Tenía 10 años cuando recité éste poema, me emocionaba mucho, es bello, ahora a mis 76 años no lo recordaba completo, lo busque por años, recién mi nieta lo ubicó, estoy feliz, lo volveré a memorizar

Unknown dijo...

Me recuerda mi vida de estudiante en el Primer Colegio de Mujeres Rosa deSanta Maria.